CRÍTICAS

EL PAÍS, viernes 14 de octubre de 2005 - El dolor que vuelve

Eduardo Haro Tecglen.  

Tejas verdes de Fermín Cabal. Intérprete: María Luisa Borruel, compañía Aran Dramática. Director: Eugenio Amaya. Sala alternativa La Grada. Madrid.

Tejas verdes fue el nombre de un lugar que los militares de Pinochet convirtieron en centro de prisión, tortura y muerte. Fermín Cabal ha hecho algo más que un monólogo para recordar la tragedia y para comentar los grandes temas de vida, actualidad, tortura, ser humano.

Está escrito con la vehemencia contenida de este autor, y dicho por la actriz chilena María Luisa Borrel.

Digo que es algo más que un monólogo porque el montaje está hecho a la manera del antiguo cabaret berlinés: dos perchas con trajes que sirven para que la única actriz aparezca como traidora, como abogado o como violada, o desaparecida, o médico corrupto...

Tiene una voz muy buena para esto, y sus actitudes son comedidas dentro de lo que la tragedia permite. Muy buena actriz.

La vi con poca gente en el joven teatro de La Grada; y vi lágrimas en alguna espectadora, que secundaba las de la actriz. Merece más suerte: es un grito sincero y valiente.

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ABC Jueves, 13 de octubre - Episodio de una infamia

JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN

La inabarcable historia universal de la infamia es pródiga en capítulos particulares de brutalidad insoportable, en muestras de la capacidad humana para lo inhumano, para convocar el dolor y la muerte de los semejantes, y lo que tal vez sea aún más terrible: de justificarlo. Se han cumplido ya 32 años del golpe de Estado de Pinochet, que puso bajo su yugo dictatorial a la nación chilena. Unos años de plomo jalonados por un estremecedor rosario de torturas, muertes y desapariciones. Fermín Cabal se ha sumergido en ese lodazal del horror en busca de documentos y testimonios reales para acotar el retrato de un personaje que no existió realmente como tal, pero que en el podría resumirse el perfil de ausencia de los desaparecidos. «Tejas verdes» se llamaba uno de los centros de detención.

Un tapiz de voces reconstruye la historia de Colorina, una joven detenida, asesinada y hecha desaparecer por las actividades políticas de su novio, aun con la evidencia de que era ajena. La voz de la desaparecida se levanta insomne de entre los muertos y tras ella desfilan sobre el escenario la de una médico encargada de reconocer a los torturados y que garantiza el honor de los torturadores, la de una estudiante convertida en colaboradora de la DINA, la policía política, la de una juez... Testimonios que dibujan una silueta en la que caben las historias de las miles de personas borradas del mapa por los sicarios de Pinochet.

María Luisa Borruel encarna admirablemente a todos esos personajes que convergen en uno en una interpretación intensa y sin fisuras. Eugenio Amaya la dirige en un montaje que sobrecoge, en el que se proyectan imágenes de aquellos años en los momentos de transición entre escenas; un espectáculo que golpea con un redoble seco las conciencias como recordatorio y advertencia de los muchos rostros con que la infamia se disfraza.

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NOTICIAS TEATRALES - HACEN FALTA MUCHOS PARA "ABLANDAR" A UNO SOLO

U n homenaje a los desaparecidos de una dictadura, ya sea la chilena, la argentina, o cualesquiera otras que en el mundo sean, es algo que puede parecer repetido, ya visto, poco apto en suma, para sacudir epidermis en una representación teatral. ¿Qué se puede decir ya sobre dictaduras, dictadores y esbirros que no se haya repetido de mil maneras a través de reportajes, mítines, manifestaciones de todo tipo y hasta en el arte?

Nada más errado que creer esto, sobre todo cuando se acaba de ver lo que yo he visto. No si se titula Tejas Verdes y está interpretado por María Luisa Borruel, dirigido por Eugenio Amaya y escrito por Fermín Cabal a partir de textos y testimonios reales.

La actriz interpreta hasta cinco personajes distintos (Colorina, la mártir por error, seguida de la abogada, la doctora, la enterradora y la delatora) que componen un mosaico de lo que fue la represión chilena en cuanto a los diferentes puntos de vista de la tortura (que necesita la colaboración de muchos), con unas perspectivas que aún hoy siguen vigentes a la hora de enjuiciar toda represión política y que nos ponen los pelos de punta. Unas perspectivas establecidas sin maniqueísmos, con una luz de bisturí, cegadora, sobre los buenos y sobre los malos. Sobre los malos, sí, pero sobre todo sobre los buenos porque, como dije, hacen falta muchos para torturar con éxito. Además están los personajes aludidos de la madre, del marido de la enterradora y de Miguel, el novio, que sin aparecer en escena gravitan sobre ella. 

Todo esto lo hace una sola actriz con la naturalidad del mínimo esfuerzo aparente y hay emoción e intriga en esta disección de sentimientos e intereses. Como en los cuentos tradicionales, hay una prenda, el abrigo de piel de Colorina, que trae el desenlace emotivo y provoca la sorpresa final de los "oyentes": los huesos que su madre recogió del cementerio, y por los que la enterradora y su marido casi pagan con la vida, no son los de ella, sino los de otra presa a quien ella había regalado el abrigo al despedirse. Colorina y su novio fueron lanzados al mar desde un helicóptero de la Marina chilena. Y todo fue un error.

Viví esta representación como una tragedia griega. La facilidad de la actriz, que en ningún momento pareció estar representando nada, resultaba tan conmovedora como narrada y vivida en primera persona. Y todos, hasta los traidores y defensores de la represión, resultaban dotados de enorme fuerza trágica. Creo que representaciones como ésta pueden promover una reflexión muy fuerte sobre el espíritu humano y hacer que la tortura resulte no sólo trascendida a través del arte sino extirpada para siempre.

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Entras en la sala, hay luz, de fondo suena Víctor Jara con aquello de "usted no es ná, no es chicha ni limoná…" Se hace la oscuridad… como en los golpes militares, se inicia la obra con la bruma de la niebla, bombardean el Palacio de la Moneda, aparece "Colorina" y nos sumerge en la narración de este trágico drama, estamos en Chile, han acabado con el sueño de la Unidad Popular

"Tejas Verdes" es el nombre de un centro de detención establecido por los genocidas del golpe militar que derrocó a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, para torturar, matar y pisotear los derechos y dignidades de miles de personas detenidas por la DINA, que pasarían a engrosar la inmensa lista de desaparecidos, que solo podrán ser devueltos a la vida en la memoria de la historia. Tejas Verdes es un texto escrito por Fermín Cabal a partir de testimonios reales desgarradores y documentos sobre la represión y el terror desencadenado por la Junta Militar que encabezó Augusto Pinochet procedentes de diversas fuentes. Un texto entre lo humano y lo terrible, realidad de lo que fue y lo que sigue siendo hoy la tortura y el asesinato en un mundo que sigue manteniendo sus peores hábitos.

Mª Luisa Borruel interpreta cinco monólogos encadenados, en los que se trasviste en diversos personajes, cargándolos de una gran fuerza interpretativa que se vive de principio a fin de la obra: Colorina (inocente asesinada), Doctora (medica de los presos, sin escrúpulos), Abogada (defensora de Pinochet, el cinismo de la Ley), Enterradora (el dolor del pueblo), Compañera-delatora (la vergüenza de la conciencia). Al fondo de la escena acompaña la proyección de videos e imágenes La interpretación es un claro homenaje a los desaparecidos y torturados por el golpe militar, bajo la complicidad de las democracias occidentales y la dirección del imperio Yanqui.

Este teatro comprometido amasa de la historia, experiencias que nos ayudan a no olvidar, a reflexionar, a intentar que no se repitan esos horrores, y a seguir pidiendo justicia y castigo para los culpables.

La obra nos sorprende, incluso cuando sabemos mucho de lo que vamos a ver, Tejas Verdes te sitúa en la cruel realidad de nuestra historia más reciente y es un grito de libertad y recuerdo de todos los que han sido asesinados por la Justicia y la Igualdad. Cuando decimos que ¡otro mundo es posible! Tenemos motivos, aunque solo sea como homenaje a todos los compañeros que han dejado su piel en el camino.

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Escolar.net - Octubre 23, 2005

En Londres fue uno de los éxitos de la temporada. Hasta Michael Billington , el exigente crítico teatral de The Guardian, quedó prendado de una representación a la que adjudicó cinco estrellas. Desde hace unas semanas, Tejas Verdes , una impactante obra de teatro de Fermín Cabal sobre los desaparecidos de la dictadura chilena, está también en Madrid.

Ayer estuve en Lagrada (Calle Ercilla 20, de jueves a domingo a las 21:00) y quedé impresionado. Se trata de seis monológos de cinco personajes distintos –la torturada, la médico corrupta, la abogada española que defiende a Pinochet, la enterradora y la delatora- que cuentan la historia de Colorina, una de las desaparecidas en Tejas verdes, que era como llamaban durante la dictadura al cuartel donde torturaban a los detenidos.

Los textos están basados en testimonios reales de torturados y torturadores y son sorprendentes pese a lo mucho que se ha escrito y se ha rodado sobre el tema. Merece la pena acercarse y sólo os quedan cinco días: hoy, domingo, y del jueves al domingo que viene, pues el día 30 se cierra el telón en Madrid. No digáis que no os avisé.

Tejas Verdes fue la última crítica teatral que publicó Eduardo Haro Tecglen , hace unas semanas. Pese a lo duras que solían ser sus críticas, Haro Tecglen también aplaudió la interpretación de Maria Luisa Borruel, que hace todos los personajes, dirigida por Eugenio Amaya.

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Opiniones de los Usuarios/Espectadores:

Mayte Espí 08/10/2005 Es prácticamente un monólogo en el que la actriz te hace volar por sus sentimientos y adentrarte en la historia chilena en la tragedia. Es espectacular, la recomiendo aquel que le guste otro tipo de teatro que te llegue al alma que te aporte un tema sobre el que reflexionar, Felicidades a la actriz eres increible .

José 17/10/2005 Muy recomendable; una actuación antológica, bien modulada la voz, la luz en su sitio, sobriedad. Chapó a la enterradora, el cinismo de la doctora, de la abogada. Variaciones sobre un mismo tema. Colorina cierra la noche desvelando aún más terror.

Isabel 17/10/2005 La obra está muy bien y la actriz fenomenal. ¡Altamente recomendable!

Larushka 23/10/2005 Altamente recomendable. Una obra de una sensibilidad y un dramatismo impresionantes que aúna las dos visiones de la dictadura chilena de manos de una actriz camaleónica que no dejará indiferente a nadie. Una noche inolvidable.

Heraldo de Aragón - 7/12/2003 - Historia de una infamia

Crítica de Teatro Fernando Andú

Hay cosas que deben ser dichas, repetidas una y mil veces, publicadas a los cuatro vientos, divulgadas hasta la saciedad. Para dejar constancia de ellas y que no caigan en olvido, para que grabadas a sangre y fuego en la memoria de todos, hablen por boca de los ausentes y mantengan vivo el recuerdo de los que desaparecieron, de los que, habiendo sido vilmente ejecutados, claman en silencio contra tanto crimen sin castigo, contra esos asesinos sin conciencia que, movidos por oscuros intereses y, por lo general, amparados en la brutalidad de la masa, día tras día perpetúan el horror y la atrocidad, el lado más siniestro del género humano.

A poner rostro al horror y a la atrocidad, puesto que siempre lo tienen, viene “Tejas Verdes” de Fermín Cabal que ahora presenta en el Teatro de la Estación “Aran Dramática”, espectáculo que, documentando un caso estremecedor basado en testimonios reales, nos sitúa frente a uno de los episodios más recientes de la historia universal de la infamia, la represión desencadenada en Chile a raíz del golpe de estado del general Augusto Pinochet un aciago 11 de septiembre de 1973.

Exponente de un teatro político a la presente no demasiado usual, “Tejas Verdes” apela a la conciencia del espectador por medio de una serie de imágenes contundentes, convenientemente apoyadas por material audiovisual y sonoro, que impregnan de dramatismo la reconstrucción histórica del caso de una desaparecida, detenida, torturada y arrojada al mar desde un helicóptero por simpatizar con causas contrarias al régimen del dictador. A testimonio por persona, la intérprete, además de encarnar a la protagonista, se desdobla en la médico que, de un modo exquisitamente aséptico, asistió a su interrogatorio, contemporizando sólo en la medida en que se contemporiza con los terroristas; en la guardiana del cementerio en el que fue enterrada, represaliada por identificar un cadáver entre tantos de una pobladísima fosa común; y en la letrada que, con la legalidad en la mano, defendió –con éxito, a la vista de los resultados- al general Pinochet en la causa que instruyese no hace tanto el juez Garzón.

Trabajo interpretativo cuyo éxito radica en asumir de forma convincente a todos y cada uno de los personajes que aparecen de manera que resulten, además de creíbles, sinceros, Maria Luisa Borruel conmueve y emociona por momentos, sorteando en otros la no pequeña dificultad de comunicar argumentos tal vez no mal fundados lógicamente pero absolutamente inaceptables desde un punto de vista humano.