REPORTAJES
El País – Colorina desaparece
Fermín Cabal estrena en Madrid Tejas Verdes, un oratorio conmovedor sobre los crímenes del régimen de Pinochet, dirigido por el chileno-español Eugenio Amaya.
JAVIER VALLEJO, BABELIA - 01-10-2005
El centro de tortura del Regimiento de Ingenieros del Ejército chileno estuvo en 1973 junto a un centro turístico, en la desembocadura del río Maimo. "Te llevamos de vacaciones a Tejas Verdes", decían al trasladar a sus víctimas los agentes del entonces coronel Manuel Contreras, jefe de la DINA, policía secreta de Pinochet. Tejas Verdes, obra de Fermín Cabal que cosechó la temporada pasada en Londres un éxito parejo al que obtuvo en Madrid la Royal Shakespeare con su ciclo sobre el Siglo de Oro, tiene como protagonista a Colorina, una chica secuestrada y asesinada tras el golpe que derribó al Gobierno de Salvador Allende. Resumo la crítica londinense en dos adjetivos y una frase: "Inolvidable...", "...poderosa...", "...un acto extraordinario de memoria colectiva" (Spencer, Taylor y Billington, respectivamente, en The Daily Telegraph, The Independent y The Guardian). Los elogios unánimes se reparten entre el autor y Thea Sharrock, joven directora del Gate Theatre, que desmontó butacas y escenario, dejó la sala a oscuras, metió al público en una arboleda y cubrió el suelo con una lona tendida sobre cables, para hacerlo mullido como el humus. La luz se filtraba en haces y los personajes, entre tinieblas, parecían proyecciones de la memoria.
El montaje británico de Tejas Verdes se estrenó para tres semanas, prorrogó tres meses, y hay una buena lista de espera para cuando vuelva a estar en cartel. Tiene por delante una gira por la República Surafricana. La obra se ha estrenado también en Dublín y esta temporada aguarda montajes diferentes en Polonia, en el Teatro San Martín de Caracas, en Sidney... No hay que ir tan lejos para oírla y verla. Lagrada, una sala madrileña chiquitita, que hace honor en esta ocasión al adjetivo alternativa, la ha programado del 6 al 30 de octubre, dirigida por el hispano chileno Eugenio Amaya.
En Tejas Verdes hablan, sucesivamente, cinco personajes que resumen bien la tragedia de los desaparecidos de la dictadura chilena. Colorina, novia de un militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, narra desde el más allá cómo la molieron a golpes y cómo el cuerpo empezó a pudrírsele en vida. Hay una compañera de encierro que parece protegerla, pero, en realidad, la delata. Y una doctora, inspirada en los médicos, enfermeros y psicólogos que ayudaron a aplicar tormentos científicamente eficaces (el médico de Tejas Verdes era Vittorio Orvieto). Pero el personaje mejor logrado es una enterradora filósofa, en la tradición del "compadre azada" de Hamlet. Esta mujer envejecida narra cómo la división del mundo en clases sociales prosigue después de la muerte. Su monólogo no tiene desperdicio: "En el cementerio hay una parte muy bella, donde se encuentran los mausoleos de las familias del salitre y del ganado (...) Luego, otro sector con nichos donde se hacinan los muertos de clase media, cómodamente instalados hasta la eternidad". Y en un extremo están los patios, cuyos habitantes no son propietarios ni de su tumba: al cabo del tiempo van a la fosa común". "La mayoría de los testimonios que he puesto en boca de mis personajes son de víctimas de clase media y los he extraído de entre millares colgados en Internet", dice Cabal. "El punto de vista de la enterradora es indispensable para materializar el drama del pueblo llano".
El papel de Colorina está inspirado en un poema que una mujer dedica en la red a su hermana desaparecida. "En Internet predominan los testimonios de esposas, hermanas, madres, hijas...", por eso he escogido cinco voces femeninas. La última es una abogada española que comparece ante la prensa defendiendo a Pinochet. Los otros personajes están llenos de matices. Éste, de una pieza, es el punto vulnerable de la obra. Cabal la escribió por encargo de Eugenio Amaya. En su montaje, María Luisa Borruel interpreta todos los papeles. La cómplice que resulta ser delatora tiene dos intervenciones en el texto original (una, como amiga de la protagonista, otra, como lo que es), pero en esta puesta en escena aparecen en una: se representó en Madrid tres únicos días hará casi dos años. No tuvo gran eco, ni la vi, oculta como estaba tras la nube habitual de estrenos semanales. Ahora tiene otra oportunidad.
____________________________________________
Revista de teatro Ciertopez. Santiago, Chile
TEJAS VERDES. PERO YO SÉ QUE ME OÍS
Verónica San Juan
Tejas Verdes fue uno de los campos de concentración a los que fueron llevados ilegalmente los militantes, colaboradores y simpatizantes del gobierno de la Unidad Popular después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Los prisioneros de Tejas Verdes fueron torturados y denigrados por oficiales y suboficiales del Ejército. En este lugar los militares eran comandados por Manuel Contreras, quien, al año siguiente, se convertiría en director de la DINA. Tejas
Verdes fue su patio de entrenamiento. Se calcula que unos mil 500 hombres y mujeres estuvieron retenidos en este recinto entre septiembre de 1973 y mediados de 1974. No todos sobrevivieron. Algunos desaparecieron desde containers insalubres dispuestos para los prisioneros y otros fueron ejecutados en el mismo regimiento.
El campo de concentración, ubicado en las cercanías del puerto de San Antonio, ha vuelto a resonar en Europa. Esta vez en Londres. Los críticos de teatro de los diarios The Times , Daily Telegraph y The Guardian publicaron comentarios elogiosos para Tejas Verdes , la obra del dramaturgo español Fermín Cabal que debutó sin estridencias el 13 de enero de 2005 en la sala The Gate, dirigida por la inglesa Thea Sharrock. Guiado por la crítica, el público comenzó a agotar las entradas con varios días de anticipación y los programadores de la sala, asombrados, debieron extender la temporada. Y no lo hicieron sólo por una vez. El interés por ver la obra determinó una segunda rueda de funciones que finalizó el 26 de marzo.
Tejas Verdes es el monólogo de Colorina, una joven chilena que desde el más allá narra de manera escalofriante la violencia a la que fue sometida antes de ser asesinada: "Pero yo sé que me oís, y es necesario que os hable y os diga. Mi hermana sueña conmigo. Mi madre reza todos los días. Se arrodilla en los bancos de San Esteban, y reza, y reza, y reza. Y sus palabras, como un humo espeso, se enredan con el sonido de las campanas y se elevan en el cielo del domingo, del martes, del jueves. Y preguntan a Dios si aún estoy viva. Y Dios, el pobre, sonríe. Él sabe donde estoy. Conoce lo que me ha pasado. Y no puede contestar a mi madre, y si lo hiciera ella tampoco le escucharía. Cuántas veces he gritado, he pensado, he llorado: Mamá. Estoy en Tejas Verdes. Mamá, ayúdame, estoy en Tejas Verdes. ¡En Tejas Verdes!''.
Pero la historia de Colorina no comenzó el 13 de enero en Londres. Partió dos años antes en Miajadas, una pequeña ciudad española de la provincia de Cáceres. Hasta ahí llegó la compañía Arán Dramática a preestrenar la obra. Dirigida por el chileno Eugenio Amaya, fue representada en el Teatro López de Ayala de Badajoz —ciudad de residencia de la compañía—, en la Red de Teatros de Extremadura, en el Teatro de la Estación de Zaragoza, en la Muestra de Autores Españoles Contemporáneos de Alicante y en la Sala Triángulo de Madrid, durante el Festival La Alternativa. Fueron temporadas breves, con escasa crítica y difusión en un medio reticente a las piezas de contenido crítico. Nada parecido a la reacción que generó en Londres la versión inglesa.
Eugenio Amaya vive desde 1978 en España. Es licenciado en Sociología de la Universidad de California, hizo estudios de postgrado en Institut d'Hautes Etudes de L'Amérique Latine, se formó en el Centro de Estudios Teatrales de Madrid y ha dirigido trece montajes. Aunque partió a vivir a Estados Unidos en 1966, cuando tenía quince años, aún mantiene conexiones emotivas con Chile. De él fue la idea de estrenar un trabajo que evidenciara algunas de las traumáticas experiencias vividas tras el golpe militar. Y se lo pidió a Fermín Cabal, uno de los dramaturgos y directores más relevantes de la escena española. Cabal es autor de una veintena de obras y ha realizado versiones de diez textos de otros creadores, entre ellos Búfalo americano (David Mamet), El amante y La colección (Harold Pinter), además de reescribir en dos oportunidades Non si paga (Dario Fo).
Eugenio Amaya y Fermín Cabal explican a Ciertopez sus motivaciones para involucrarse con el tema de los desaparecidos y torturados chilenos y reflexionan acerca de la dispar recepción en el circuito español e inglés.
Eugenio Amaya: "No queremos adoctrinar pero tampoco hacer la vista gorda"
¿Cómo se fue gestando este proyecto que terminaría en el encargo a Fermín Cabal?
El trabajo se gesta después de proyectos aplazados, proyectos inviables, proyectos recuperados… lo que es el pan de cada día de toda compañía teatral. Arán Dramática, fundada por la actriz extremeña María Luisa Borruel, siempre ha mostrado una predilección por los llamados "temas difíciles" (el boato propagandístico de los grandes eventos como los Juegos Olímpicos o la Exposición Universal que glorifican al Estado y marginan a los desposeídos; la génesis histórica, social y cultural de los malos tratos a las mujeres). Cuando se acercaba el trigésimo aniversario del golpe de Estado de Pinochet, sentí que algo teníamos que hacer al respecto y, a sabiendas de que sería una obra difícil de "vender", necesitábamos que el espectáculo no corriese el riesgo de desaparecer en el tiempo debido al desmembramiento de una compañía que involucrase a varios actores. De ahí la idea de un monólogo. Era la única forma de asegurar su permanencia en el tiempo y de investigar según lo fuera requiriendo el material dramatúrgico, sin presiones de pagar sueldos al personal contratado sino que desarrollando el proceso de ensayos según las leyes de la creación y no de la economía.
¿Existía un vínculo anterior con el tema de la violación de los derechos humanos en Chile?
Yo viví el golpe de Estado en Berkeley y por supuesto que me conmocionó, a pesar de que no participé en el fervor ni en las turbulencias del gobierno de la Unidad Popular. Mi conciencia política era más bien epidérmica y ecléctica, ligada al movimiento contra la guerra de Vietnam, pero sin una fuerte carga ideológica. Mis familiares y amigos en Chile, según supe después, tenían simpatías políticas encontradas, como ocurrió con gran parte de la clase media chilena. En Berkeley y en París conocí a chilenos exiliados de izquierda que me hicieron conocer la música de Violeta Parra, de sus hijos Isabel y Ángel, de Víctor Jara y el movimiento de la nueva canción latinoamericana. Me conmovía la mezcla de romanticismo, sensibilidad artística y conciencia política pero, desde la lejanía y el desarraigo, nunca me sentí impulsado a tomar parte activa en los acontecimientos que precedieron y sucedieron al golpe del 73. Con posterioridad no sentí una responsabilidad directa en relación con el tema. Era evidente que ya había suficientes artistas ocupándose de él, mejor calificados que yo, y que muchos de ellos habían vivido los acontecimientos de primera mano. No obstante, una visita fortuita a la página web memoriaviva.com me estremeció. Los testimonios allí recogidos, las cartas personales, los recuerdos, las fotos de los desaparecidos y desaparecidas mirando fijamente a la cámara despertaron en mí el impulso para desarrollar lo que luego terminó siendo la obra Tejas Verdes .
¿Por qué Fermín Cabal fue el elegido para el encargo?
Porque nos llevamos muy bien en el plano artístico y humano. Hemos trabajado en varios proyectos juntos. Es un autor sensible, inteligente, con ganas de asumir riesgos, no es dogmático ni estereotipado, tiene oficio y excelentes recursos expresivos y, además, es muy fiable a la hora de entregar el material, dialogar y adaptarse a los descubrimientos que van teniendo lugar en la sala de ensayos.
¿Usted entregó materiales y documentos a Fermín Cabal o él seleccionó materiales libremente?
El punto de partida fue la página Memoria Viva . Les pedimos autorización para utilizar algunos contenidos y ya, a partir de ahí, gracias a internet, localizamos todo tipo de referencias. Del libro de Hernán Valdés me enteré después de estrenada la obra y no lo consultamos. Fermín Cabal fue seleccionando el material que le parecía más interesante. Él escribía mientras nosotros íbamos iniciando el trabajo de búsqueda de los personajes en la sala de ensayos. Como María Luisa (Borruel) no es chilena, ella quería al menos acercarse a la musicalidad del habla y mi acento no le servía de referencia porque se ha diluido con el tiempo y la distancia. Vimos muchos videos, documentales, escuchamos programas de radio chilenos por internet, todo muy intenso y, a la vez, familiar.
¿Cuánto demoró la etapa de escritura y el proceso de escenificación?
El proceso de escenificación en la ciudad de Badajoz y la etapa de escritura fueron en paralelo. Una vez definidos los personajes, María Luisa y yo trabajamos en el universo personal de cada uno de ellos, en sus comportamientos y, lo más difícil, en pasar de un personaje a otro casi sin solución de continuidad. Esto planteaba las dificultades de sumergirse en el mundo de una desaparecida-torturada y en el de una doctora colaboracionista con el régimen de Pinochet. Ambos tenían que ser creíbles. Las exigencias emocionales e imaginativas para la actriz eran bastante fuertes. Mientras tanto, Fermín nos iba remitiendo los textos que iba escribiendo en Madrid. Hubo una interrupción para ensayar una gran producción que hicimos para el Festival de Teatro Clásico de Mérida ( Agripina , otro encargo nuestro a Fermín). Tras el estreno y las representaciones de este espectáculo volvimos con renovados bríos a Tejas Verdes . En total el período de creación habrá sido de ocho a diez meses.
¿De qué modo este proyecto se enlazaba con el tipo de teatro que venía desarrollando Arán Dramática?
Siempre hemos apostado por un teatro de impacto o reflexión social, pero sin desdeñar aspectos formales ni caer en el paternalismo ni el panfleto. Lo interesante para nosotros es la experiencia humana, las contradicciones, la zona gris de los comportamientos tanto individuales como colectivos. No queremos adoctrinar pero tampoco hacer la vista gorda a lo que ocurre a nuestro alrededor.
Al parecer no es común en el circuito teatral español una obra de "teatro político". ¿Qué significado tenía este gesto en medio de una actividad que apuesta preferentemente por el teatro de entretención o de evasión?
En el caso de Tejas Verdes el tema impide que uno se ande con medias tintas. Hemos comprobado, allí donde hemos representado la obra, que el espectáculo le llega a la gente, aunque muchos vayan con la prevención de la etiqueta "teatro político". En España, en la actualidad, la realidad escenificada desde un punto de vista crítico, poético o satírico, no tiene mucha cabida en el panorama teatral, ni siquiera en las salas alternativas. Sabíamos que la apuesta era difícil, pero también confiábamos en nuestra capacidad de encontrar un público. No desfallecemos en el intento y esperamos que la acogida que la obra ha tenido en Londres sirva para generar algún interés entre los programadores españoles. Wishful thinking (‘‘pensamiento optimista''), como dicen los (norte)americanos.
Muchos involucrados en el proyecto son gente joven. ¿De qué modo estaban conectados con el tema de la violación a los derechos humanos en Chile?
Efectivamente, contamos con creadores jóvenes de Badajoz. La mayoría de ellos conocían las aventuras de Pinochet en Londres y su condición de dictador y responsable de crímenes y violaciones a los derechos humanos en Chile. Sin embargo, no sabían quién era Allende y no sabían nada o casi nada del gobierno de la Unidad Popular. Aquí fue capital la generosa colaboración de Patricio Henríquez, director de cine chileno afincado en Canadá, que nos autorizó a utilizar imágenes de su documental 11 de septiembre de 1973: El último combate de Salvador Allende . En nuestro espectáculo utilizamos imágenes y una banda sonora para situar al espectador en el contexto histórico, político y emocional de la obra. En la edición de estas imágenes, la creación de la banda sonora o la composición e interpretación musical trabajaron jóvenes creadores de nuestra ciudad con los que hemos seguido colaborando en proyectos posteriores. Fue un aprendizaje para todos y un homenaje a los desaparecidos cuya terrible experiencia constituye el motor y fuente de inspiración del espectáculo.
¿Tuvo la oportunidad de ver el montaje inglés?
El pasado fin de semana (5 y 6 de febrero) visitamos Londres con Fermín y tuvimos oportunidad de ver el montaje. Fue emocionante comprobar que, al menos en Londres, la obra ha tenido una repercusión imposible de imaginar. El montaje es atmosférico y sin estridencias, respetuoso con el tema que trata. Y la entrega de las actrices es encomiable.
¿Qué elementos cree que han influido para que el público y la crítica inglesa se conectaran favorablemente con la obra?
Estas cosas en teatro, un medio que depende de cualidades subjetivas e intangibles, son difíciles de diagnosticar con precisión. Yo creo que ha sido una confluencia de circunstancias: el excelente trabajo de la directora Thea Sharrock y su equipo de diseño, la rotundidad del texto de Fermín y la buena traducción de Robert Shaw, el talento de las actrices, el hecho de que el caso Pinochet haya vuelto a la actualidad y una actitud de disponibilidad por parte de críticos y espectadores que se han dejado impregnar, sin ofrecer grandes resistencias, por los planteamientos de la obra. En una ciudad como Londres, donde en teatro se ha visto de todo, es de agradecer que público y crítica se acerquen con una mirada fresca y el corazón abierto a propuestas como Tejas Verdes .
¿Qué análisis hace de la recepción del público español versus la del londinense?
La obra donde mejor funciona es en salas pequeñas, ya sea creando un espacio compartido por público y actrices, como es el caso del "bosque de la memoria" del montaje londinense, o estableciendo una proximidad entre actriz y espectadores a la italiana, como en el caso de nuestro espectáculo. En ambos hay una gran intensidad y silencio reverencial por parte de los espectadores.
¿Piensa reestrenarla en España? ¿Hay otras compañías extranjeras interesadas?
Estamos en conversaciones para volver a Madrid a una sala no comercial durante un período más prolongado. Seguimos ofertando Tejas Verdes a las diferentes redes de teatro que hay en España. Aún no hemos tenido respuesta.
¿Ha existido interés de algún programador chileno de estrenarla en Santiago? Independiente de ese interés, ¿tiene expectativas de mostrarla en Chile?
Se la hemos enviado a Mauricio Celedón, que en estos momentos está en Chile y con quien nuestra compañía ha colaborado en varias ocasiones en distintos proyectos, para que la enseñe por ahí. No sé si saldrá algo de ello. También se lo comentamos al CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación Teatral) pero no suscitó interés. María Luisa Borruel siente cierta aprensión por ir a Chile en la creencia de que su acento "chileno" no pasará la prueba del algodón, pero yo le digo que eso no es lo importante. Lo interesante sería, en todo caso, comprobar cómo una compañía y un autor españoles abordan un tema tan traumático y tan chileno y si lo hacen con dignidad y verosimilitud. Como curiosidad, te diré que, cuando nuestros amigos de la compañía extremeña Karlik-Samarkanda fueron a Chile con el espectáculo Amloii , dirigido por Mauricio Celedón, uno de los actores que también es fotógrafo —Félix Méndez— llevaba el encargo nuestro de hacer fotos en el Cementerio General y en el Patio 29. Las fotografías que hizo, bellísimas por cierto, figuran en el espectáculo y, con el consentimiento de Fermín Cabal, suplantan un parlamento del personaje de la Enterradora que describe el clasismo que se desprende del paisaje arquitectónico del cementerio.
Fermín Cabal: " Tejas Verdes es una tragedia contemporánea"
¿Qué conexión anterior tenía usted con la historia de Chile y en particular con el tema de la violación de los derechos humanos?
He estado en Chile en dos ocasiones y tengo allí buenos amigos, pero la verdadera motivación para escribir la obra fue el encargo que me hizo Eugenio Amaya, que como sabes es chileno, y con el que llevo varios años colaborando.
Además de su relación de amistad y de trabajo con los integrantes de Arán Dramática, ¿qué lo impulsó a aceptar el encargo de la compañía?
Creo que María Luisa (Borruel) es una gran actriz y creo que Eugenio es un gran director, y para mí es un placer trabajar con ellos. Me han hecho seis proposiciones laborales en los últimos años y las he aceptado todas.
¿Qué impresiones tuvo cuando fue recibiendo los testimonios de ex-presos políticos y las historias de los detenidos desaparecidos? ¿Hubo alguna historia que lo impactara especialmente?
Cuando empecé a documentarme leyendo cientos de testimonios de personas que se vieron afectadas por la represión, bien directamente o a través de familiares o amigos, me sentí profundamente conmovido y sentí la necesidad de ayudar a que esas voces, muchas veces anónimas, llegaran lo más lejos posible. Por supuesto hubo muchas historias que me impactaron especialmente, y la mayoría de ellas han sido utilizadas como base de este relato, que aspira a ser una suma de relatos, y al mismo tiempo un relato único.
¿Cómo se empalma temáticamente Tejas Verdes con su dramaturgia?
Aunque he alternado formas poéticas muy distintas, pasando de la comedia al drama e incluso a la tragedia (como en esta ocasión, porque Tejas Verdes para mí es una tragedia contemporánea), la instancia política ha estado siempre presente en mi teatro, lo que me ha valido ciertamente algunos disgustos. En ese sentido esta obra continúa una línea que atraviesa obras como Ello dispara , Castillos en el aire o Agripina , por poner algunos ejemplos.
La recepción tibia en el medio español parece no sólo ser de los programadores, sino también de la crítica, a diferencia de lo que ha ocurrido en Londres. ¿A los críticos españoles no les interesa hablar de obras que contengan una reflexión ética y política?
Pues me temo que no. El teatro político se ha desvalorizado mucho en los últimos quince años, y en ello ha influido poderosamente la presión de la administración. Tenga en cuenta que en España la casi totalidad de los teatros (salvo parcialmente en Madrid y Barcelona) son propiedad de instituciones públicas, es decir controlados directamente por la clase política. Y a la clase política no le gusta que se hable de ella. Ellos sabrán por qué.
¿Hay otras compañías extranjeras interesadas en estrenarla?
La obra se ha publicado ya en Estados Unidos y en Gran Bretaña, y está traducida al italiano. La traducción francesa está en marcha, y tengo peticiones de Alemania y Grecia. Creo que la obra se va a distribuir bien internacionalmente, sin muchos problemas. Aunque a mí me gustaría que Eugenio la llevara a Chile y la contrastara con el público chileno. Eso es ahora mi ilusión. Me encantaría.
¿Qué reflexión hace sobre la recepción favorable en Londres? ¿Cree posible que los programadores españoles revaloren la obra tras este fenómeno de público y de crítica?
Pues sí, espero que el éxito en Londres revitalice el montaje español. De hecho ya estamos negociando para reponer la obra en Madrid en el curso del presente año.
Tras escribir Tejas Verdes , ¿qué piensa de Pinochet y de colaboradores como Manuel Contreras, el primer comandante del campamento de prisioneros Tejas Verdes?
Pienso que son responsables de crímenes abyectos y que merecen un castigo ejemplar. Y espero que se haga justicia.
____________________________________________
Semanario La Hoja de Badajoz - 28/11/2005
ÉXITO EN MADRID DE LA COMPAÑÍA PACENSE ARÁN DRAMÁTICA
José Manuel Villafaina
Su espectáculo “ TEJAS VERDES ” recibió el elogio unánime de la crítica y el público. La última crítica que publicó Eduardo Haro Técglen (antes de fallecer) calificó a María Luisa Borruel -única interprete de la obra- de “ Muy buena actriz ” .
Durante un mes, “ Tejas Verdes ”, el impactante monólogo creado por Arán Dramática sobre los desaparecidos de la dictadura chilena, ha estado representándose con éxito en Madrid. El elogio de la crítica y el público ha sido unánime.
Pero la historia de este espectáculo no comenzó el mes pasado en Madrid. El proyecto surgió tres años antes en Badajoz, cuando Eugenio Amaya , discurriendo sobre el trigésimo aniversario del golpe de estado de Pinochet , había realizado un estimable trabajo de investigación de la “memoria viva” sobre este tema, recogiendo los testimonios de cartas personales, recuerdos, fotos de los desaparecidos y desaparecidas, etc., para desarrollar junto a Fermín Cabal -uno de los dramaturgos más relevantes de la actual escena española- el espectáculo teatral “ Tejas Verdes ”.
Amaya montó “ Tejas Verdes ” hace dos años, con la actriz pacense María Luisa Borruel , celebrando el preestreno en Miajadas. Después fue representada en el Teatro López de Ayala, en las salas de la Red de Teatros de Extremadura, en el Teatro de la Estación de Zaragoza, en la Muestra de Autores Españoles Contemporáneos de Alicante y en la Sala Triángulo de Madrid (durante el Festival La Alternativa). Fueron temporadas breves, con escasa crítica y difusión en un medio reticente a las piezas de reflexión político-social y contenido crítico.
Nada parecido a la reacción que -a principios de este año- generó este proyecto extremeño en Londres, donde una compañía inglesa montó la obra (con traducción de Robert Shaw y bajo la dirección de Thea Sharrock ) consiguiendo uno de los éxitos de la temporada. Hasta Michael Billington , el exigente crítico teatral de The Guardian, quedó prendado de una representación a la que adjudicó cinco estrellas.
El triunfo de la obra en la capital inglesa despertó el interés en el circuito teatral español para que el espectáculo de Arán Dramática se revitalizase y volviese a Madrid con un periodo más prolongado. Las representaciones se han realizado en la pequeña sala La Grada (de jueves a domingo). Y la rotundidad del texto de F. Cabal , en eficaz montaje de E. Amaya , con el talento de la actriz M. L. Borruel -única interprete de todos los personajes de la obra-, el hecho de que el caso Pinochet haya vuelto a la actualidad y una actitud de disponibilidad por parte de críticos y espectadores (cada día más numerosos en las sesiones) que se han dejado impregnar, sin ofrecer grandes resistencias, por los planteamientos de la obra, han contribuido al éxito de la compañía extremeña en Madrid.
“ Tejas Verdes ” es una tragedia contemporánea, cuyos textos están basados en testimonios reales de torturados y torturadores y son sorprendentes pese a lo mucho que se ha escrito y se ha rodado sobre el tema. Se trata de seis monólogos de cinco personajes distintos -la torturada, la médico corrupta, la abogada española que defiende a Pinoche t, la enterradora y la delatora- que cuentan la historia de Colorina , una de las desaparecidas en Tejas verdes, que era como llamaban durante la dictadura al cuartel donde torturaban a los detenidos.
“ Tejas Verdes ” es el monólogo de esta joven chilena que desde el más allá narra de manera escalofriante la violencia a la que fue sometida antes de ser asesinada: " Pero yo sé que me oís, y es necesario que os hable y os diga. Mi hermana sueña conmigo. Mi madre reza todos los días. Se arrodilla en los bancos de San Esteban, y reza, y reza, y reza. Y sus palabras, como un humo espeso, se enredan con el sonido de las campanas y se elevan en el cielo del domingo, del martes, del jueves. Y preguntan a Dios si aún estoy viva. Y Dios, el pobre, sonríe. Él sabe donde estoy. Conoce lo que me ha pasado. Y no puede contestar a mi madre, y si lo hiciera ella tampoco le escucharía. Cuántas veces he gritado, he pensado, he llorado: Mamá. Estoy en Tejas Verdes. Mamá, ayúdame, estoy en Tejas Verdes. ¡En Tejas Verdes! ''.
“ Tejas Verdes ” es también un homenaje a los desaparecidos chilenos y un vehículo de reflexión en torno al tema de la violación de los derechos humanos que, desgraciadamente, no pierde actualidad y sobre el cual no está de más apelar a la complicidad del público y propiciar su capacidad de conmoverse, informarse y actuar.