“En Anomia, comedia de intrigas políticas tan sustanciosa, por su contenido…Eugenio Amaya, director de origen chileno que debuta como autor, habla sin eufemismos del nepotismo, contado desde el punto de vista de quien lo ejerce; de la corrupción y de la financiación irregular de los partidos… Brillantes, el trazado de la peripecia y los giros que Amaya imprime a la acción, y las interpretaciones de María Luisa Borruel y de Quino Díez. Conmovedor, el Arturo de Cándido Gómez.”

“Lo que nos relata Anomia, escrita y dirigida por Eugenio Amaya, es pasto habitual de las páginas políticas (confundidas y fundidas ya con las de sucesos) de los diarios: una cala en la corrupción, que es, como dice uno de los personajes, “el fluido necesario para que todo progrese”. Un microcosmos municipal y espeso le sirve a Amaya para dibujar del natural, con pelos, señales, cierta dosis de higiénico cinismo y pulso sobresaliente, la red de complicidades, chantajes, intereses, financiaciones ocultas, ambiciones, amaños y cuentas pendientes que parecen vertebrar secretamente –o no tanto- determinadas actuaciones públicas… Aleccionador texto y estupendas interpretaciones de un buen reparto que encabeza María Luisa Borruel.”
Juan Ignacio García Garzón, ABC



“Eugenio Amaya ha escrito una tragicomedia actualísima…Es tal la fuerza del texto, el verismo de la situación y la autenticidad de los diálogos que sólo necesita un puñado de buenos actores. Y a fe que los tiene… Pocas veces hemos estado tan seguros en recomendar una pieza teatral: por sus méritos artísticos, ciertamente, pero sobre todo por su aportación ciudadana.”

“…entramado de conversaciones en el subsuelo de la política…desarrollado con minuciosidad de cirujano, con la maestría de un buen policíaco…En manos de María Luisa Borruel, la frialdad de su Carmen adquiere connotaciones de gran personaje clásico. Pablo Bigeriego, Quino Díez, Cándido Gómez y Elías González componen con precisión sus criaturas, funcionan como un mecanismo de relojería cuya humanidad está al servicio de la corrupción con la naturalidad del que está sediento y bebe… El final es redondo. Impacta. Nos deja aplaudiendo con dificultad…Toda la función consolida una lograda atmósfera de suspense con dosificada tensión dramática y un climax intimista que hace más inquietante todo lo que ocurre, hasta llegar a un final rotundo... sin palabras, entre escalofriantes sonrisas.”


Anomia es una hora y media en la que nunca decrece el interés y nos deja fascinados. Era un miércoles y la sala estaba llena. El silencio del público, salpicados de sonrisas y risas en alguna ocasión por la ironía de la situación, refrendaba el interés y el buen hacer de un equipo de actores. Los fervorosos aplausos confirmaron esta sospecha.”



“En la interpretación, el elenco destaca por su magnífica prestancia. Todos logran de sus papeles un excelso y plausible trabajo. María Luisa Borruel (Carmen) insuperable, seductora, magnética borda su historia corrupta con contenida intensidad dramática, entre la ambición política y la vulnerabilidad familiar. Pablo Bigeriego (Ignacio), compone con gran solvencia escénica su personaje autoritario, frío, agrio, hábil e interesado del político miembro del aparato encargado de la negociación. Cándido Gómez (Arturo) brinda su buen oficio a un personaje débil –el marido de Carmen- que dice concienzudas verdades, pero termina descolocado y manipulado en medio del delirante ritmo de los acontecimientos. Quino Díez (Nicolás), genial en su papel de alcalde, una marioneta del aparato político que se ha dejado corromper, aunque en soledad se rebela cuando se da cuenta que ha perdido el sentido de su existencia. Y Elías González (Matías), pletórico de facultades dramáticas encarna a un sinuoso joven político con ideales, pero que también intenta trepar en medio de una tormenta de dudas.”

Fotos: Mai Saki


El Centro Dramático Nacional y la compañía extremeña Aran Dramática han conseguido plasmar de forma directa, contundente y al mismo tiempo elegante los oscuros vertederos por los que se escurre la presunta democracia que pretende gobernarnos...El retrato de la situación es perfecto, algo muy sabido, algo muy repetido, por desgracia. El acierto del autor y director es haber conseguido que un tema tan manido interese cada vez más al espectador, lo implique racional y emocionalmente. Conviene destacar la precisión del lenguaje y la acertada distribución de los silencios. Todos los actores viven intensamente su papel y lo trabajan con un gran sentido de equipo.